sábado, 25 de agosto de 2012

Inestímulo.


Se veía pausado en su vida; mientras observaba cómo un hombre repartía folletos entre las vigas de una estructura férrea; de alguna forma se encontraba en una de esas películas de defectuosos o peculiares mentales, esas de tramas enrarecidas. Los faros apagaban sus luces al comenzar esa mañana algo nefasta, tal y como lo había planeado, no obstante con un tiempo más ralentizado, en uniformidad...

Su espera se dibujaba en cada ventanilla de su piel quemada en frío, en el tictac de las intermitencias de los impacientes automóviles. Dicho prófugo, de su propia maldad imaginativa, simplemente obedecía su petición protestante de una llamada felicidad concedida de vez en cuando, esperando no sé qué, lo que su vista interna, colmada de tibieza, le propuso parar de intentar. Su única vocación tuvo su metamorfosis en incógnita, nada apegado a esos talentillos estúpidos y no remunerados, de muerte lenta, de refracción turbia, sin algo más que contar...