Tan extenso es un diccionario... pero más imponente es el fracaso por no tener ni saber las palabras adecuadas que consigan subir al menos un paso más del escalafón... Es que, ¿sabes qué me sucedió? Te miré con afán de repudio y funcionó por algunos segundos, pero al siguiente, no pude contener el detonante que pasó a través de mis ojos y que me convirtió en un muerto que camina tras el sendero de tu aroma, que solo busca alimentarse de esa presencia que cada vez se dispone más lejana, como tratando de decir algo que yo quisiera saber aunque, en contraparte, no me gustaría tener como respuesta mas que para entender de una vez.
La falta de reciprocidad lo hace más complejo para una decisión, y no quisiera aceptarlo, pero me aterroriza perder lo que he tratado de ganar, a pesar de que ni de broma lo he conseguido. Puede ser que confesarlo haya sido contraproducente y ya ni creo que haya algún algoritmo que me ayude.
Y así esto se vuelve una de esas paranoias que hacen cerrar los párpados con fuerza como si doliera y doblar el cuerpo en metáfora indicativa de pensar que de esa manera uno puede tener la protección que exime de todo fuera de la burbuja personal, pero el gran caos viene del interior, o sea que, no tengo ruta de escape.
Cuando menos lo pensé, tuvo que llegar la inspiración que desea describir todo lo bueno, pero con la frustración de no saber cómo hacerlo.
♫ . . . Fueron tus manos o tu boca,
fueron tus ojos o tu voz,
o a lo mejor la impaciencia
de tanto esperar tu llegada,
no sé explicarme que pasó . . . ♫