Tal vez comience a ser indiferente, a privarme del calor indebido que el frío me pide, sigo buscando el sentido complementario correcto en los trastornos incorrectos...
Despierto en una de esas historias nocturnas que solo quedan impregnadas en el silencio de los sueños, y observo tus ojos descendiendo, ascendiendo frente a los míos y no los pierdo de vista, pero en ellos no es fácil notar la intención de tener una esperanza por mí; entonces vuelvo a la realidad, entiendo, y aunque sea pronto para saberlo, sé que no hay un mayor lugar dispuesto para mí.
Me doy cuenta que por la vida he ido dejando fracciones de eso innombrable que hay en el interior de mi tórax, ahora a penas si alcanza para mantenerme con vida, ahora parece que la puerta se cierra en mi cara, para quedarme esperando una vez más, con la brisa congelante impregnándose en mi cabello, complicándome yo mismo la existencia.
He descubierto en miradas diversas, lo que en tus ojos me hubiese gustado encontrar. A pesar de ello, para mi ventura, no hay otra cosa mejor en el mundo que yo concibo, que ver a través de la periferia de tus pupilas exterminantes, dilatadas, porque de nada me sirve sentirme bien coleccionando las que encuentro en la calle, puesto que ninguna se quedará, ninguna es tan..., única.
¿Qué tanta influencia, de alguien importante en tu vida, tienen las palabras?
Solo prueba un poco de lo que no es ni será tuyo.
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