El imaginario nocturno de inconsciencias estelares pasadas se materializó potente en el caluroso familiar, cuatro pupilas marcaban su trayecto coincidente a falta de palabras a cruzar; el lenguaje más puro entre dos, prescinde de todo término innecesario, el tacto tímido y discreto desfallecía por tener una nueva oportunidad de llegar.
De la aceptación multitudinaria, sin embargo, surgía sombríamente la gran carencia del supremo pasado de brasas eternas, el único de las mudas súplicas internas, las que no tuvieron espacio expresivo en grafemas hablados, las que involuntariamente no fueron escuchadas por su destino palpitante.
Protagonismo en inexistencia, amputado, relevado súbitamente en un cementerio de flores entre marchitas y vivas, como si fuera cosa de embrujo, hojas frescas cayendo en un féretro de recuerdos sonrientes en fase terminal, las piedras no entendían la lluvia individual, cuerdas que no fueron permitidas para la emisión de su sonar, una melodía aficionada que no paró a toda hora, pero que calló externa en todo momento por condescendiente bienestar, sangre transparente contenida entre sollozos enmascarados, justo en ese lugar, donde todo comenzó.
Confusa notoria preferencia, decisión unilateral trituradora de lo que ya eran trizas hemorrágicas, de las ramas deshechas en el fuego del tiempo adelantado y del sabor negado en conciencia respetable.
Cicatrices oxidadas, costuras supurantes en reparación sin afección presente, sin achaque futuro; restauración, gracia desmedida enfoca afirmante la unión de las entretelas sublimes, luz rebosante acapara arriba y más allá un envoltorio al infortunio ancestro, reliquia sin anacronismo ni caducidad, valiosa en sí, gloriosa no menos y manifiesta redundantemente indudable, divina belleza dual, luz cegante.
Tu mirada no puede engañarme, tu sonrisa no tuvo mas que afirmar.