Otra vez no puedo concretar una visita con el Señor de los Sueños como lo hacen las personas promedio, todo por pasármela pensando en… en las cosas que no suceden en el cartesiano imaginativo que yo habito; entre astronomías pensantes voy hilando deseos rupéstricos de los que me es difícil despertar, mis debrayes reflejan los disparos que recibo al caer en cuenta que los grandes anhelos de mi conciencia están posados en unas manos suaves que, por obviedad, no son las mías. Cruel desengaño vivo a diario, pero incomparable aquel instante felizmente inesperado, de poca duración, pero como aquellas canciones que logran erizar la piel entre voces e instrumentos, la única diferencia con ese momento es que no se puede reproducir a menos que…bueno, es demasiado pedir esa coexistencia.
Mis costillas ya no soportan el peso de lo que traen dentro, ¿es cuestión de perseverancia?, solo puedo pensar en la revoltura que le provoca a mi estómago; no debería ser esto un tipo de competencia, caigo en mis pensamientos y sé mi lugar, estoy resignándome a dejar de lado todo intento, no puedo cambiar mi manera de vivir ahora que no tengo los medios suficientes, ¿malintencionado?, sería el colmo de lo miserable haber, por decisión propia y consciente, intentado desde el inicio navegar entre océanos con mi equipo desértico, no lo pensaba, no lo buscaba, ¿por qué me sucedió?
¿Qué será conveniente?
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