Toda esta situación me pone mucho a pensar en la banalidad de mis días, pasan cosas, pero pocas llegan al borde de lo satisfactorio, ¿qué pasará después?, solo necesito una pizca de felicidad, estoy aburriéndome de fingir que nada está pasando, ese estándar de coincidencias, converge como patrón repetitivo de mi vida en momentos delicados, cuando nada debe complicarlo más, así sucede; y tú reapareces aquí por petición mía, mostrando un lado amigable que más que tranquilizante, se vuelve confundible, por fortuna, sé manejarlo; y tú, que a tu edad deberías ser como un pilar de estabilidad, optas por conducirte al revés, yo sabía que ni hablando contigo darías espacio a la cordura…
Pero tú, que me haces pensar más allá de todo lo presente, y me tienes en incertidumbre irreal, por culpa tuya no puedo controlar mis pensamientos, se ha vuelto muy común que entre los diálogos de mis teatros mentales existan los “ojalá”, y eso que soy de las personas que tratan de buscar los distintos panoramas de divergencia, si no fuera por eso, tal vez estaría más desequilibrado de lo que actualmente estoy; no sé qué creer, no sé si hacer caso a mi lado iluso, no sé si tratar de ser astuto me haga perder más de lo que ni siquiera tengo, quién sabe si debería dejarme llevar por algo que se ve demasiado bien para ser de verdad.
Y a pesar de que lo pidas, no puedo dejar de hacerlo.
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