Lo hizo mal, falló aberrantemente volviendo a aquella soledad que incrementa al doble sus ganas de morir trágica y lentamente; ningún miedo pasó por su mente a no ser del temor de lo que más le causa pánico: perder su razón de ser.
Demasiado tarde.
Estupidez a la máxima expresión.
Solo ese ángel incondicional está salvándolo constantemente de perecer en vida, encontró un Dios en el lugar indicado, el Dios a quien nadie más acude, el único al que solo él tiene fe, y en eso, no se equivoca, a pesar de su arraigo pagano al fin cree, y no es precisamente en algo como es habitual, no terrenal, aunque no es creado por la imaginación, es un ser divino, con todo el poder de destruirlo o rearmarlo.
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