miércoles, 10 de julio de 2013

Broken Things.


Llevó su mano a la boca, veía dentro de sí, todas las madrugadas que, a solas, en un patio concentraba sus esfuerzos por hacerle llegar sus pensamientos a través del infinito, imaginando si lo pensaba, creyendo que le guardaba ese lugar... volvió su mirada a la red y quedó consternado por segunda vez, callado más que de costumbre, sentía como cada ínfima morona lo secaba desértico; la trilogía se completaba con las dos palabras que tanto adoró escuchar, aquellas que le pertenecían, cuando creía en lo eterno ciegamente, y ahí la autodestrucción atrapó su pesadumbre en ese preciso instante, mientras su hemisferio izquierdo pretendía sanarle con los cuentos banales de medio mundo, pero mantuvo su mirada fija como aquellas veces que uno ve sin mirar en realidad, ignorando toda la palabrería razonable, seguía escuchando al órgano inocente que la mayoria culpamos, o lo que quedaba de él.

Caminó y, volviendo, su demonio de filtro y humo lo acómpañaba dejando su rastro efímero, efímero como se volvió el firmamento agonizante de lo que en, no muy largo, pero indiscutiblemente, valioso tiempo le enseñó a ser feliz; sus otros dos acompañantes continuaron silenciosos desde el día en que por única vez lo llamaron por su apodo de la infancia. Trasladose tres meses antes, cuando imploró a un ser divino inexistente, a quien rogó hiciera posible la conexión que había perdido; volvió a su ahora negra realidad. Horas después, quiso gritar para que no fuera cierto, ambas cosas imposibles, nada pudo hacer. Iluso, en respiraciones pausadas, algunas de sus dudas fueron indiréctamente contestadas, todavía sin poder creerlo, sigue en esa escena inconclusa, donde su estrella le reemplazó cuando más intentó alcanzarla...

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