viernes, 18 de marzo de 2011

En Trance.

En éste caso, bajo un hipnotismo instantáneamente inusual se encontró, pero al roce de su tersura; aunque lo derrite y desmorona, descuartizado y vibrante por su danza definida en la espontaneidad; algo lo detiene a la distancia propia de una abeja en la puerta del girasol, próxima al polen, colisionando en un multiverso, lado a lado tras una pared de invisible materia oscura, sustituye cada cuadro detectado del filme de sus imaginaciones y los reordena algorítmicamente programándole un deseo cínico de coincidir nariz con nariz, sincronizando comisuras, algo imposible por no saber.

Simple satelital orbitando.

Continúa coloidal, presidiario en su fijación, dependiente de su porcelana, sumiso de sus casi simétricas concavidades laterales verticales, recorre los destellos grabados, uno a uno, dirigido directo a ahogarse en el pozo concéntrico de las pupilas; todo su contorno tiene identidad en ondas sonoras de la canción que más escucha al día de hoy, perfección melódica, vulnerable y destinado a desbaratarse. Sin evitarlo. Raquítico a su alucinante ponzoña. Estático delirante en la musa.

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