Así, abría los ojos comenzando la mañana, exactamente cuando sonó ese celular, esa maldita… llamada que aquel tomó, y se obliga a preguntarse en qué lado estar: ¿preocupación o complicidad?, difícil elegir y pensarlo mientras escucha toda la conversación, por lo cual tuve que indagarle: ¿qué piensas hacer?, a lo que él contestó con un giro dentro de sus pensamientos que lo llevó sistemáticamente del presente a su constante; no me respondió, sólo noté en su mirada el sabor a un color violeta, ido en sus sentidos comenzó a contarme una historia bastante peculiar, aunque muy fuera de sí, era tan perfeccionista, como su tacto para descubrir el sonido que a lo lejos engendra el aura de la perfección casual, su microsentido lo condenó a encontrar lo mejor para él, justo detrás de las estrellas visibles del cielo, con esta Luna tan grande que deseaba ver desde otro punto, “es perfecto todo; para todos los que pueden verlo, lo pueden encontrar; pero no lo es sino hasta que te topas con ello en una mejor posición, con las barreras franqueables, dicen que no existe algo así, sí lo hay, pero generalmente no a nuestro total alcance”; yo sin entender lo que quiso decir, me animé a preguntar de nueva cuenta: “¿qué piensas hacer?”, y el respondió: “si te das cuenta, esa tendencia mental recurrente me distrajo del peor momento, en mi existencia no había visto tal cosa que cumpla con todos los requisitos, pero como lo dije, está en mala posición y sé lo que puede pasar en esos casos, pero no tengo la más remota idea de cómo manejarlo, ¿tienes una sugerencia para mí o prefieres quedarte callado?”, lo único que se me ocurrió contestar fue: “¿qué te puedo decir?, ya no tomaste partido en lo de la llamada porque gustas de complicarte. ¿Vas a controlar ya tu arrastre?, maneja el ímpetu.”.
Se dio cuenta que le atropelló tan de prisa que sólo degustó su voz durante un instante, ahora lo propio es callar que cuando miró el terciopelo, la única opción que le quedó fue asombrarse del olor de esos claritos resplandores, tendiendo a saber que eran los que tenía predefinidos como parte de sus idealizaciones hace más de un siglo en sus vidas pasadas; “sé lo que debo hacer, te contaré el final de esta historia:… Después de muchos años, sin entender la desdicha del don que tuvo para detectarla cuando no era el momento, con sus manos atadas y bajo determinación de no echar a perder lo 'poco mucho' que le quedaba, se mantuvo solamente mirando sus llegadas y partidas dentro del anuario de su propio pensamiento.”.
Se dio cuenta que le atropelló tan de prisa que sólo degustó su voz durante un instante, ahora lo propio es callar que cuando miró el terciopelo, la única opción que le quedó fue asombrarse del olor de esos claritos resplandores, tendiendo a saber que eran los que tenía predefinidos como parte de sus idealizaciones hace más de un siglo en sus vidas pasadas; “sé lo que debo hacer, te contaré el final de esta historia:… Después de muchos años, sin entender la desdicha del don que tuvo para detectarla cuando no era el momento, con sus manos atadas y bajo determinación de no echar a perder lo 'poco mucho' que le quedaba, se mantuvo solamente mirando sus llegadas y partidas dentro del anuario de su propio pensamiento.”.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario