Para en seco entonces su caminar, lleva su periódico bajo el brazo derecho, porque le duele la rodilla del mismo lado, se detiene para pensar un segundo, y despierta entre sueños recordando que hacía tiempo que recibió la premonición, y es cuando reconoce el alfiler incrustado en su costado izquierdo, no duele, pero la fascinación es mucho más peligrosa, no podrá extirparlo, ya está fusionándose a su cuerpo, dialoga en sí mismo, adopta y aprehende con fuerza al sorpresivo bío-mecanismo.
De un momento a otro, resulta gracioso interpretarlo de dos maneras: primero como un viernes recursivo en su lado más retrógrado; por otro, referente a un jueves por la tarde. El viernes predilecto conserva su presencia; en éste preciso instante fue recibido el recordatorio del por qué desvela en el andar.
Un solo sueño abrió la puerta a su constante favorita.
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